¿Cuándo un niño no debe acudir al nido de una madre de día?

¿Cuándo un niño no debe acudir al nido de una madre de día?

Texto: Arancha Cuéllar, de La Casita de Pez Austral. Silvia López, de La Casa de LuMa. Fotos: Arancha Cuéllar, de La Casita de Pez Austral. Freepik

Es llegar el primer aletazo de frío del otoño y proliferar los virus entre los más peques de la casa.

Y es que, aunque en las casitas de madres de día estamos menos expuestas que en otros lugares, lo cierto es que tampoco nos libramos de alguna que otra gastroenteritis u otitis a lo largo del curso, especialmente entre los bebés que hasta ahora se habían librado.

Conviene recordar en este punto que las familias no deben traer nunca a sus peques enfermos al nido. Lo hacemos, primero, por el bienestar del propio niño. Y, segundo, para intentar controlar en la mayor medida de lo posible que los virus no se expandan y debamos echar el cierre temporalmente porque al final también caigamos enfermas nosotras.

Pero, ¿cuándo debemos limitar la entrada de un niño/a o bebé a nuestro nido?

Las madres de día nos basamos para ello en el protocolo de exclusión de la Asociación Española de Pediatría a centros de atención infantil.

En resumen, ¿cuándo no se debe acudir al nido?

• Si presenta fiebre de más de 37,3°. Se deberá hacer un reposo en casa mínimo de 24 horas (siendo lo ideal 48 horas) desde la última vez que presentó fiebre a partir de esta temperatura.

• Gastroenteritis (vómitos y/o diarrea). Se deberá hacer reposo en casa mínimo de 24 horas desde la última diarrea o vómito.

• Gripe. Mientras haya síntomas y malestar general, independientemente de que presente o no fiebre.

• Procesos que requieren antibióticos. Se deberá hacer un reposo en casa de 24 horas una vez iniciado el tratamiento, aunque remitan los síntomas.

• Conjuntivitis. Se deberá hacer un reposo en casa de 24 horas una vez iniciado el tratamiento, aunque remitan los síntomas.

• Tos y/o mocos que generen malestar general al niño. Los mocos son algo normal y un mecanismo de defensa de los niños/as, por lo que no son motivo de exclusión al nido salvo que generen malestar general. Estos, unidos a la tos, son indicativo de que el proceso viral/catarral esté comenzando y con aislamiento en casa podemos evitar la propagación de virus.

Si presenta malestar general, aunque no tenga fiebre. Si se observa que el niño está alicaído, adormecido o más mimoso de lo habitual es posible que esté incubando algo y que aún no se haya manifestado. Nadie mejor que los propios padres conocen a su hijo y saben si quizás no se encuentra bien como para acudir al nido.

¿Y qué pasa si el niño se empieza a sentir mal durante su estancia en la casita?

En ese caso, nuestro protocolo indica que se avisará a la familia para que venga a recogerlo lo antes posible. 

Si presenta fiebre alta, deberemos instar a la familia a que acuda en menos de una hora a recogerle, puesto que nosotras no debemos administrar ningún tipo de antitérmico al bebé.

El sentido común, junto con las recomendaciones de los pediatras, debe dictar cuando los niños deben quedarse en casa, no solo por el riesgo de contagio (hay enfermedades que no son contagiosas) sino también por el bienestar del niño/a y de los demás integrantes de la casita.

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