Cooperar nos hace felices
Texto y fotos: Rocío Betés, de Espacio Kentia.

En las casitas de madres de día fomentamos la cooperación entre todos los integrantes, en lugar de la competición. Sabemos que es una habilidad social clave para el desarrollo y por ello debemos trabajarla desde que son bebés, aprovechando la predisposición humana hacia la contribución, según la Disciplina Positiva.
Este es el decálogo de Espacio Kentia para trabajar esta importante habilidad:
1.Recordar que los niños aprenden a través de la observación y ser ejemplo, mostrando una actitud cooperativa en el día a día: cuando ponemos la mesa o cuando recogemos los juguetes, invitamos a nuestros peques a contribuir, dándoles la oportunidad de asumir pequeñas responsabilidades que les enseñan el valor de trabajar juntos hacia un objetivo común.
2.Impulsar la creación conjunta de proyectos, ofreciendo bloques de construcción, cajas de cartón o piezas grandes que deban compartir y requieran una toma de decisiones conjunta sobre qué construir. También la creación de murales de arte con pintura de dedos donde pintamos todos, o una receta sencilla en la cocina que luego degustamos juntos.
3. Proponer actividades de juego compartidas que requieran el uso de turnos y fomenten la espera y la observación de los turnos de los demás. Aunque a esta edad todavía puede ser difícil esperar, juegos simples como rodar una pelota de uno a otro, juegos de mesa adaptados o incluso juegos musicales como «El juego de las sillas» pueden ayudar a enseñar la importancia de esperar y compartir.
4. Incluir rutinas diarias donde la cooperación es necesaria y así poco a poco vamos estableciendo hábitos cooperativos. Por ejemplo, hacer que la limpieza de juguetes sea una actividad de final del día en la que todos participan.


5. Introducir juegos y canciones que fomentan la participación colectiva y el trabajo en equipo, como «El corro de la patata», que inculcan la importancia de esperar, observar y participar en un grupo.
6. Los cuentos son un recurso excepcional en la educación y por eso las madres de día los utilizamos a diario para aprender conceptos importantes como la amistad o la cooperación. Libros como «Compartir» de Anna Llenas o «¿Puedo jugar yo también?» de Mo Willems son algunos de los que tenemos en la casita y nos permiten abrir espacio para hablar sobre estos temas.
7. Realizar teatro de marionetas, que al igual que la lectura de cuentos, permite enseñar la importancia de compartir y ayudar.
8. Observar su aparición espontánea en el juego simbólico. A estas edades, los niños disfrutan imitando las actividades diarias, jugando a «la casita» o a «cocinar», donde cada uno tiene una tarea específica (por ejemplo, uno prepara los alimentos mientras el otro los sirve). En estas interacciones observamos el entendimiento de roles y muchas veces se da de forma natural el juego cooperativo.
9. Enseñarles a gestionar los conflictos que puedan aparecer, usando palabras para expresar lo que siente cada una de las partes y practicando la negociación y la búsqueda de soluciones conjuntas para que las necesidades de todos sean tenidas en cuenta.
10. Agradecer su trabajo. Cuando vemos a un niño o niña compartiendo, jugando en equipo o esperando pacientemente su turno, lo verbalizamos y les agradecemos su comportamiento. Esto puede ser tan simple como una danza de la victoria después de completar una tarea juntos.

Recordemos que cada niño se desarrolla a su propio ritmo, y lo que funciona para uno puede no ser efectivo para otro. Lo importante es ofrecer a nuestros peques oportunidades para practicar la cooperación en un ambiente seguro y amoroso, donde cada niño y cada niña se sienta visto y querido. La conexión emocional y la seguridad son la base sobre la cual se construyen todas las habilidades sociales, incluida la cooperación.